Mi ex se quedó con la cuadrilla y yo con el perro

El perro se llamaba Nemo. Lo eligieron juntos en una camada de Güímar, un domingo de enero con frío y con esa…

Ilustración de cómic español: mujer estilosa paseando a su perro por el paseo canario mientras un grupo de conocidos reacciona con expresiones de pánico exageradas al verla pasar
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El perro se llamaba Nemo. Lo eligieron juntos en una camada de Güímar, un domingo de enero con frío y con esa energía rara de las parejas que todavía creen que tener un perro va a arreglar algo.

Cuando todo acabó, el perro se quedó conmigo. La cuadrilla, no.

No hubo una conversación. No hubo un reparto formal. Simplemente un día te das cuenta de que llevas tres semanas sin que nadie te llame para los planes del sábado, de que el grupo de WhatsApp sigue activo pero tus mensajes reciben menos respuesta que antes, y de que la última vez que fuiste al bar de siempre había una tensión que antes no existía. Ese día entiendes que la ruptura no fue solo con una persona. Fue con toda una vida social que habías construido sin darte cuenta de que tenía los cimientos en la otra persona.

Por qué en Canarias duele el doble

En las islas esto tiene una dimensión que en ciudades grandes no existe igual. En Madrid o Barcelona puedes cambiar de barrio, cambiar de bares, cambiar de círculos sin que suponga un esfuerzo descomunal. Hay suficiente gente y suficiente espacio para que dos personas que ya no quieren verse simplemente dejen de hacerlo.

En Canarias no. En Tenerife o en Gran Canaria, la isla es pequeña y los círculos son más pequeños todavía. Tres meses después de una ruptura puedes cruzarte con tu ex en el Mercado de Vegueta, en la cola del súper de tu barrio, en la misma ruta de senderismo donde ibais juntos. Y la cuadrilla que se quedó con él — o con ella — tampoco desaparece. Sigue en los mismos sitios, con los mismos planes, y tú tienes que decidir cada vez si vas o si evitas.

El síndrome del pueblo que hace que ligar en las islas sea complicado es el mismo que hace que las rupturas sean más difíciles de gestionar. Todo el mundo se acaba cruzando con todo el mundo. No hay escapatoria limpia.

Lo que nadie te dice que vas a perder

Cuando una relación larga termina, todo el mundo habla de lo que pierdes en casa — la rutina, la compañía, los domingos. Nadie habla de lo que pierdes fuera.

Pierdes los planes que ya no tienes que organizar porque siempre los organizaba la cuadrilla. Pierdes las reservas de restaurante que llegaban solas porque alguien del grupo tenía el sitio de su primo. Pierdes la sensación de pertenecer a algo más grande que tú mismo, esa red invisible que hacía que los fines de semana tuvieran forma sin que tuvieras que esforzarte demasiado.

Y pierdes algo más difícil de nombrar: el testigo. La gente que te conocía en la vida que tenías antes. Los que saben lo del trabajo de aquel verano, los que estuvieron en aquella noche en el Teide, los que se acuerdan de cómo eras cuando tenías veintitantos y todavía no habías aprendido a disimular. Cuando esa gente se va con tu ex, te quedas sin una parte de tu historia.

La fase en que el perro es tu mejor plan social

Nemo y yo pasamos muchos sábados por la mañana en el Parque García Sanabria. Él feliz, yo con el café en la mano y esa expresión de persona que está bien pero que si le preguntas demasiado puede que no lo esté tanto.

Los perros son, sin exagerar, uno de los mejores conectores sociales que existen. En el parque hablas con gente que no conoces de nada con una naturalidad que en cualquier otro contexto requeriría mucho más esfuerzo. «¿Qué raza es?» abre conversaciones que a veces duran diez minutos y a veces duran dos años. Hay estudios sobre esto — la propiedad compartida de mascotas como creadora de capital social — pero no necesitas los estudios. Basta con ir al parque con un perro tres semanas seguidas para comprobarlo.

No digo que la solución a perder una cuadrilla sea adoptar un perro. Digo que a veces la vida te da la solución antes de que sepas cuál es el problema.

Cómo se reconstruye una vida social de cero (sin fingir que es fácil)

No es fácil. Que alguien te diga que sí lo es te está mintiendo o no lo ha vivido.

A los 35, a los 40, a los 45 — la vida social no se reconstruye como a los veinte, cuando bastaba con aparecer en cualquier sitio y alguien te hablaba. A esta edad los círculos llevan años formados, la gente tiene menos tiempo y más filtros, y la energía que hace falta para construir algo nuevo desde cero compite con el trabajo, los hijos si los hay, y el cansancio de haber pasado por algo que duele.

Lo que sí funciona — y lo que he visto funcionar en gente que ha pasado por lo mismo — es una sola cosa: hacer algo de manera repetida con las mismas personas. No quedar una vez y esperar que pase algo. Aparecer. Semana tras semana, en el mismo sitio, con la misma gente. Un grupo de senderismo. Una clase. Un bar de barrio. Lo que sea que te guste de verdad, porque si no te gusta la actividad no vas a tener energía para volver cuando los primeros intentos no producen nada inmediato.

La cuadrilla nueva no llega de golpe. Llega de una en una, despacio, y al principio no parece una cuadrilla sino un conocido suelto aquí y otro allá. Hasta que un día te das cuenta de que tienes planes el sábado sin haberlos buscado demasiado. Y ese día — que llega, aunque tarde más de lo que querías — es mejor que el día que empezó todo esto.

Sobre el perro y sobre todo lo demás

Nemo duerme en el sofá aunque técnicamente está prohibido. Conoce a tres o cuatro personas del parque mejor que yo. Ha sido el pretexto de conversaciones que han acabado siendo amistades reales, y de otras que no han ido a ningún sitio pero que estuvieron bien mientras duraron.

No recuperé la cuadrilla. Tengo otra que no se parece nada a la anterior, y eso al principio me parecía una pérdida y ahora me parece simplemente diferente. Las cosas que duran de verdad no suelen ser las que imaginabas que iban a durar.

Si estás en esa fase donde la vida social se ha quedado en una pantalla y un perro y poco más — ya sabes que no eres la única. Y si quieres encontrar gente en Canarias que entiende exactamente de lo que hablas, en Canariame hay sitio. Apúntate a la newsletter abajo.

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