Tenerife

Fui a La Tejita a tomar el sol y lo que vi detrás de Montaña Roja no salía en ningún folleto

Nadie te lo cuenta. Pero todo el que ha ido a La Tejita lo sabe. La playa sale en los folletos turísticos…

Mujer tumbada en la arena volcánica de La Tejita con gafas de sol y sonrisa cómplice, siluetas al fondo caminando hacia Montaña Roja
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Nadie te lo cuenta. Pero todo el que ha ido a La Tejita lo sabe.

La playa sale en los folletos turísticos como «reserva natural protegida», «kilómetro de arena fina», «vistas al volcán». Todo correcto. Todo verdad. Y todo completamente incompleto, porque los folletos tienen la costumbre de contarte lo bonito y callarse lo interesante.

Esto es lo que pasa de verdad en la playa más famosa del sur de Tenerife cuando te alejas un poco del centro.

La playa que te venden y la que te encuentras

La Tejita está en El Médano, en el sur de Tenerife, a diez minutos del aeropuerto. No hay hoteles encima. No hay chiringuito. Llegas, aparcas en la carretera de Los Abrigos, caminas diez minutos con la bolsa, y aparece un kilómetro de arena oscura con la Montaña Roja — un cráter volcánico rojizo, imponente — cerrando la playa por un lado.

En invierno está casi vacía. En verano hay gente, pero nunca la aglomeración de Las Américas o Los Cristianos. El viento es constante — es zona de windsurf y kitesurf, hay escuelas — y el agua es fría y limpia y no huele a protector solar de turista.

Hasta aquí, la versión del folleto.

Lo que el folleto no dice es que La Tejita es nudista. No toda, pero sí una parte generosa, y nadie te avisa antes de que llegues. La primera vez que vas y de repente ves a alguien quitarse la parte de abajo como si tal cosa, el cerebro tarda un segundo en procesar la situación. Ese segundo es completamente universal.

El momento en que entiendes que esta no es una playa normal

Una vez que procesas el nudismo — y te acostumbras rápido, porque en diez minutos deja de parecerte raro — la playa empieza a darte más información.

Hay algo en la composición de la gente que no cuadra del todo con una playa familiar del sur. Hay familias con niños, sí. Hay turistas con sombrilla. Hay windsurfistas que entran y salen del agua sin mirar a nadie. Pero también hay grupos que llevan aquí toda la mañana y que parecen conocerse, y hay parejas que han venido solas sin hijos y sin excusa de turismo, y hay gente que mira hacia Montaña Roja con una intención que no tiene nada que ver con el senderismo.

Porque Montaña Roja, que por fuera es un cráter volcánico bonito con vistas al Atlántico, tiene otra cara. Y esa cara no sale en ningún folleto.

Lo que pasa al otro lado del volcán

La Tejita es una de las playas gay más conocidas de Tenerife. No es un secreto — cualquier guía gay de la isla te lo dice directamente. La zona junto al volcán lleva décadas siendo punto de encuentro de la comunidad, y no solo en plan «playa tranquila donde ir sin que nadie te mire raro». Es zona de cruising activa, especialmente por las tardes.

Si no sabes qué es el cruising, es el encuentro sexual en espacios al aire libre o semipúblicos. Existe en todas las ciudades del mundo, existe en todas las islas, y en La Tejita existe con una naturalidad que a quien no lo conoce le puede dejar con la boca abierta.

No hace falta llegar muy lejos. Con acercarte a la base de Montaña Roja por la tarde ya ves de qué va. Gente que va y viene. Miradas que no son casuales. Una dinámica que funciona con sus propias reglas no escritas desde hace muchos años.

La primera vez que lo ves sin saber lo que es, tarda un momento en encajar. La segunda vez que vas — porque casi todo el mundo vuelve — ya lo entiendes perfectamente.

La cosa más curiosa de todo esto

Lo que más me llamó la atención no fue el cruising. Fue lo que hay a cincuenta metros.

A cincuenta metros hay una familia con una nevera portátil y un niño con flotador haciendo un castillo de arena. Hay una pareja de jubilados alemanes tomando el sol sin ropa como si llevaran toda la vida haciéndolo. Hay un kitesurfista que está atando su cometa y tiene toda la pinta de que lleva aquí desde las ocho de la mañana.

Y nadie le presta atención a nadie.

No hay tensión. No hay miradas de reprobación. No hay señoras escandalizadas ni nadie que se levante a protestar ni turista que saque el móvil para grabarlo todo. Todo convive con una normalidad que, si vienes de una ciudad grande con sus zonas ordenadas y sus comportamientos catalogados, te resulta casi surreal.

La Tejita funciona porque nadie se mete donde no le llaman. Los que van a tomar el sol, toman el sol. Los que van a hacer deporte, hacen deporte. Los que van a otra cosa, van a otra cosa. Y el volcán está ahí de fondo, tan rojo como siempre, sin opinar.

Por qué nadie te lo cuenta antes de que vayas

Porque en Tenerife — en Canarias en general — hay cosas que todo el mundo sabe y nadie dice en voz alta. No por vergüenza, sino porque simplemente forman parte del paisaje desde hace tanto tiempo que nadie siente la necesidad de explicarlas.

Los canarios que llevan años yendo a La Tejita no se sorprenden de nada. Es su playa, con todas sus capas, y les parece bien así. El problema es el recién llegado que aparece sin contexto y no entiende por qué la gente camina hacia el volcán con esa determinación.

Ahora ya lo sabes.

Y si decides ir — que deberías, porque más allá de todo lo demás es una playa espectacular — lo más probable es que te pase lo mismo que a casi todo el mundo: que llegues con curiosidad, que te acostumbres al nudismo en diez minutos, que mires hacia Montaña Roja con una ceja levantada, y que te vayas pensando que Tenerife es bastante más interesante de lo que te habían contado.

Una cosa más antes de que te vayas

Si alguna vez alguien te dice que en Canarias no hay ambiente, que las islas son pequeñas y aburridas y que aquí no pasa nada — acuérdate de La Tejita.

Una playa sin chiringuito, sin hoteles, sin animación de resort. Solo un kilómetro de arena, un volcán rojizo, el viento del Atlántico y todo lo que la gente hace cuando nadie los está mirando.

Que es bastante más de lo que imaginabas.

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